3-10 JUNIO

China sí que es different

Nǐ hǎo!

¡Ya estamos en China, el gigante asiático! Última parada de ‘Recording the World: cocinando con Julius’.

¿Qué contar de un país tan especial como este…? Que es grande, claro… y aún más grande que su extensión es su complejidad. Pensábamos que rodar aquí sería una odisea burocrática y cada paso en el plan de rodaje es un ‘sindios’… pero para alivio de Gonzalo, nuestro responsable de producción, no está siendo así. Además, mantenemos intacta la ilusión y ni el cansancio ni el país os van a privar del último capítulo de esta serie documental… ¡palabra!

Hemos aterrizado en Guilin a medianoche y desde el aeropuerto hemos ido directos al hostal que nos habían recomendado, un BBB (bueno-bonito-barato) en pleno centro. Guilin es una ciudad-prefactura situada en el sudeste del país y lo primero que llama la atención aquí son los paisajes que se dibujan desde cualquiera de los miradores que rodean la ciudad: en su horizonte se vislumbran decenas de colinas kársticas que dan un inconfundible aspecto a la ciudad.

Pero sigamos con la crónica de estos días. Al amanecer hemos conocido a Qing, nuestro intérprete en la ciudad. Qing nos ha contado que su nombre para los europeos es  ‘Alonso’, por lo que al descubrir que Guilin tiene dos ríos (el Jiang Li y el Taohua Jiang), le hemos “rebautizado” como Alonso de Entrerríos (el tercer componente de la patrulla de “El Ministerio del Tiempo”, la popular serie de Televisión Española).

Viendo lo difícil que estaba siendo explicarle el apodo, le hemos pedido a Qing que nos llevase a realizar todas las gestiones que implica un cambio de país: cambio de moneda, compra de tarjetas telefónicas y el alquiler de coche que ha sido toda una odisea…. Por la tarde, hemos vivido el primer malentendido como resultado de las dificultades para entendernos:  teníamos planes de aprovechar la luz del atardecer para grabar un maravilloso mercado, pero Qing nos ha llevado a un ramplón supermercado de un centro comercial, ¡menudo bajón! Viendo que nuestros planes se iban al traste, nuestro “Alonso de Entrerrios” ha tenido el detalle de cobrarnos la mitad… sin necesidad de enfrentarnos en duelo, jeje. De alguna manera en China quieren hacer alarde de su modernidad y su poderío, y no entienden que estos occidentales tan raros queramos ver un mercado tradicional al que le llevaba su abuelo y le ven cero interés.

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Al día siguiente hemos ido al bullicioso mercado de Liu-He, un mercado enorme que tiene de todo y está situado junto a una de las colinas tan características del paisaje de Guilin. Nos ha sorprendido para bien la actitud y el buen rollo de la gente, que se ha dejado grabar sin ningún problema.

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Allí hemos vivido unas experiencias no muy recomendables a la hora de ir al baño…pero eso mejor os lo contamos en los siguientes videos (ojo, solo aptos para indiferentes ante lo escatológico).

Como era el cumple de Diego hemos querido regarlo con un buen tinto, pero con todos los respetos al vino chino,  al probar su ‘Changyu Red’ hemos echado de menos la bodega de cualquier restaurante español… y es que como nuestro vino… ¡pocos!

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Por la tarde hemos ido al callejón Shan-Shui, una calle central peatonal en el centro, muy turística pero muy bonita, en la que hemos disfrutado de tan enorme variedad de platos y sabores.

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Al tercer día nos hemos dirigido al interior de la región y hemos descubierto Xun, una aldea desierta, llena de encanto y de pasado. Un aldeano, el señor Tuan, nos ha dejado su cocina para que Julius nos haga la comida. Una aldea centenaria, con puertas pintadas con posters de Mao y llena de magia. Hemos paseado por sus calles desiertas y hemos aprovechado para hacernos unas fotos de equipo. El señor Tuan le ha regalado a Diego unos moldes maravillosos para hacer pasteles chinos.

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De vuelta a Guilin hemos grabado unos recursos en la Colina de Fubo, una zona turística de la ciudad por su imponente vista sobre Guilin, su principal río y sus montañas.

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Hemos dedicado los siguientes días a conocer un sinfín de mercados callejeros en los que Julius se ha empapado todo lo que le han podido enseñar en cuanto a gastronomía china: desde a hacer arroz envuelto en hoja de palma a aprender las cuatro recetas que le ha contado la señora Wan en la propia cocina de nuestro hotel tras hacer con ella la compra.

Eso sí, siempre con la dificultad de la comunicación, no solo por el idioma, que no hablan casi inglés, sino porque el marco mental es distinto, los conceptos son distintos, los signos son distintos, incluso las onomatopeyas son distintas! Si tienes sed no debes levantar el pulgar a tu boca a lo botijo español, sino tocarte el cuello. Aquí un amigo nos explica que los números 6, 7, 8, 9 y 10 con los dedos los indican así:

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Los chinos tienen una forma de hablar muy a gritos y parece que están enfadados contigo, pero pronto te das cuenta de que no es nada personal sino solo su forma de hablar.

¡Hasta aquí la crónica de hoy! Nos vamos a Guangzhou, y desde allí os seguiremos contando nuestro periplo por China.

631-Guilin

Feliz cumpleaños ‘Recording the World’, Diego!

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